"Si vas a irte... vete, pero no te despidas;
sal de noche, sal a oscuras, sal descalzo y de puntillas, niño.
Vete, vete y cierra la puerta,
que no quiero verte salir de mi vida.
Si estás oyendo, vuelve.
Ni siquiera saludes; con la luz de la mañana,
abre puertas a patadas, niño.
Vuelve, que no hacen falta razones.
No más dudas razonables.
Este último momento me robó el milagro de tenerte a cada instante.
Este último momento es de los dos y los demás, que aguanten."
9 de septiembre de 2007
1 de septiembre de 2007
mmm
Supongo que todos suponemos que nuestros objetos de estudio son los predominantes en las tantas esferas de la vida. Es decir, el abogado pensará que sus códigos rigen el mundo, el arquitecto confía en que el mundo se sostiene con sus cimientos y los politólogos convencidos que la política cubre todos los ámbitos de la vida. Y ojo con pensar la vida sin política, porque, todo es política. No sé si eso será o no verdad, no me interesa.
Lo que me interesa es saber para qué son funcionales esos pensamientos, digamos, interesa si el abogado convencido de la importancia social de sus acciones actúa de manera socialmente fructífera (lo cual no necesariamente esta alineado con una acción personalmente fructífera). Si alguien, convencido en esos principios, los usa para actuar positivamente y aportar, puede resultar menos relevante la validez de los supuestos que los sostienen.
El gran drama que me afecta y que no resuelvo es qué hacer cuando esos supuestos son diaria y cotidianamente dinamitados. Cuando entrás a una oficina y ves que todo lo que te impulsa a actuar de una manera que considerás positiva no es ignorado, es directamente pisoteado.
Bien, una va con una mochila de convicciones, una pila de ideas y muchas maneras ya resueltas de ponerlas en práctica, y de repente, hola, la realidad es otra.
Acá no se trabaja, acá no se piensa en función de bienestar general, acá tus ideales son tiernamente inocentes y nada más. Bien, seis, siete intentos fallidos y ocho, nueve intentos nuevos, caer y levantarse. Insistir, afirmarse en lo que dinamitan. Dinamitaría yo con mucho gusto un par de consejalías y sacaría a unos cuantos.
Ojo, es hablar por hablar -este blog es hablar por hablar- pero no resultaría dificil dinamitar algunos lugares, una campaña simpática (como la de cherasny), algunos medios gráficos, política informal, y la poca seguridad de los edificios públicos...y voilá! pim pum pam!
Otra vez, no. Mil veces no, porque sos republicana, te acordas?. A Maquiavelo no le gustaba el trinitrotolueno y Kant te echaría por fuera de los bordes de sus imperativos morales. No, además no sabés prender un fósforo sin quemarte y lo último que queremos es quemarnos un rulo...
Entonces?. Entonces, chikita, tenés que bancarte haberte alineado del lado de la gente que piensa que sus acciones sí repercuten y que vale la pena actuar en consecuencia. Además no sos la única que siente sus ideales pisoteados y no sos la última empleada que disiente con los métodos de su jefe, sos una más querida...
Lola, a la oficina y sacame un buen proyecto de ley, ya sabemos el resto...
Lo que me interesa es saber para qué son funcionales esos pensamientos, digamos, interesa si el abogado convencido de la importancia social de sus acciones actúa de manera socialmente fructífera (lo cual no necesariamente esta alineado con una acción personalmente fructífera). Si alguien, convencido en esos principios, los usa para actuar positivamente y aportar, puede resultar menos relevante la validez de los supuestos que los sostienen.
El gran drama que me afecta y que no resuelvo es qué hacer cuando esos supuestos son diaria y cotidianamente dinamitados. Cuando entrás a una oficina y ves que todo lo que te impulsa a actuar de una manera que considerás positiva no es ignorado, es directamente pisoteado.
Bien, una va con una mochila de convicciones, una pila de ideas y muchas maneras ya resueltas de ponerlas en práctica, y de repente, hola, la realidad es otra.
Acá no se trabaja, acá no se piensa en función de bienestar general, acá tus ideales son tiernamente inocentes y nada más. Bien, seis, siete intentos fallidos y ocho, nueve intentos nuevos, caer y levantarse. Insistir, afirmarse en lo que dinamitan. Dinamitaría yo con mucho gusto un par de consejalías y sacaría a unos cuantos.
Ojo, es hablar por hablar -este blog es hablar por hablar- pero no resultaría dificil dinamitar algunos lugares, una campaña simpática (como la de cherasny), algunos medios gráficos, política informal, y la poca seguridad de los edificios públicos...y voilá! pim pum pam!
Otra vez, no. Mil veces no, porque sos republicana, te acordas?. A Maquiavelo no le gustaba el trinitrotolueno y Kant te echaría por fuera de los bordes de sus imperativos morales. No, además no sabés prender un fósforo sin quemarte y lo último que queremos es quemarnos un rulo...
Entonces?. Entonces, chikita, tenés que bancarte haberte alineado del lado de la gente que piensa que sus acciones sí repercuten y que vale la pena actuar en consecuencia. Además no sos la única que siente sus ideales pisoteados y no sos la última empleada que disiente con los métodos de su jefe, sos una más querida...
Lola, a la oficina y sacame un buen proyecto de ley, ya sabemos el resto...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)