16 de octubre de 2007

No name

No puedo evitar sentirme confundida. Suelo sostener que somos lo que hacemos y no lo que decimos y me la paso hablando de actuar y de hacer y de ser sin miedos ni reservas y viene a resultar que estoy inmovilizada.

Por suerte las obligaciones suelen hacer que los tiempos sean otros y que no haya tantos tiempos para pensar y cuando todo parece ser muy claro y estoy lista para recomenzar, todo vuelve, como si todo lo que puse en pausa de repente se activara y demandara que yo me active y no sé para donde salir corriendo, no sé si quiero salir corriendo esta vez.

Hasta hace un tiempo sostenía que los viajes esporádicos eran además de muy saludables y divertidos, una buena vía de escape. Eso dotaba de valor positivo a la conocida práctica del escape. Eso decía y hacía. Termino ahora por pensar que ya no hay ganas de escapar y que esta vez lo saludable y divertido va a ser enfrentar lo que está viniendo.

Evidentemente no tengo ganas de tener otra opción más que hacer y actuar. Ojo, está buenísimo, pero es un tanto trabajoso. Como sea, siempre es preferible estar en movimiento y de acuerdo con lo que pensamos -en definitiva es lo que mostramos- y si esta vez implica hacer frente y de pie, que se venga lo que se venga y me busque: soy la de rulos y zapatos rojos.